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El Niño De La Banca

Actualizado: 25 feb 2021

Nathalia Andrea Pardo Cardozo

Médico - Universidad Militar Nueva Granada

Neuropediatra - Universidad Nacional de Colombia


Muchas familias colombianas comparten la pasión por el futbol. Padres, hijos, hermanos y abuelos se reúnen para gozar y sufrir las proezas de la tricolor o su equipo favorito. Los niños anhelan la llegada del domingo para asistir a sus escuelas deportivas y disfrutar uno de los momentos más felices de su semana. Pablo, un niño de 6 años, sueña con ser delantero de su equipo, su madre lo inscribió en una magnífica escuela de futbol desde que tenía 3 años, siempre va a los entrenamientos, se esfuerza, pero … no logra salir de la banca. El entrenador ha intentado varias veces que Pablo participe en los partidos, pero una y otra vez ocurre lo mismo, él no logra correr como sus compañeros, lo hace a menor velocidad, se cae con frecuencia, se cansa, a veces le duelen las piernas y después de algunos minutos debe salir del juego. Eso no es todo, las cosas han venido empeorando. Hace algunos meses el niño tiene grandes problemas para subir la escalera hasta el segundo piso de su casa donde queda su cuarto y al terminar sus labores escolares es una tarea titánica levantarse desde la silla de su escritorio. Irónicamente los músculos de sus pantorrillas son cada vez más grandes y fibrosos, “tiene piernas de futbolista”, dice su padre. Varios años atrás, cuando Pablo era un bebé, su madre lo llevo a consulta, angustiada porque no lograba caminar, aunque ya tenía 18 meses. Su pediatra le indicó que no se preocupará porque era muy frecuente que los niños gorditos como el, se tomaran más tiempo para caminar que los demás, así que ella se lo llevó a casa… se lo llevó a casa, aunque su corazón de madre le continuaba diciendo que algo no andaba bien con su pequeño.

Pablo regresó a pediatría, esta vez a un control de crecimiento y desarrollo, él le dijo a su doctora que estaba muy triste porque no lo dejaban jugar fútbol con su equipo y permanecía en la banca. La madre le conto a ella toda la historia del niño y sobre cómo sus problemas venían empeorando en los últimos años. La doctora muy preocupada le indicó que era necesario realizar algunas pruebas incluyendo una con un nombre muy extraño “CPK”; también decidió remitirlo a una consulta especializada por neuropediatría. Tan pronto como los resultados de los exámenes estuvieron disponibles, Pablo y su mamá conocieron a su nueva amiga neuropediatra, la doctora Pardo. Ella les explicó que Pablo tiene una enfermedad que afecta a sus músculos y, después de algunos estudios adicionales, les confirmó que se trata de una Distrofia Muscular de Duchenne. Ahora su enemigo misterioso tiene nombre, es tiempo de luchar

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